Historias de dinero
Las figuritas más caras del mundo
- Abuelo —preguntó Lucía mientras ordenaba sus figuritas en la mesa—, ¿por qué algunas figuritas valen tanto si son solo pedacitos de papel?
El abuelo dejó la taza de té sobre el plato y sonrió.
- Esa, querida Lucía, es una pregunta que ha hecho temblar a más de un economista… y a más de un coleccionista también.
Lucía levantó una figurita brillante.
- Mirá esta. Es del arquero que todos quieren. Irene me dijo que su papá la había visto en Internet a mil pesos. ¿Cómo puede ser?
- Eso, Lucía, tiene que ver con dos palabras mágicas de las que ya estuvimos hablando cuando comentábamos acerca de la feriante Rosa y sus frutillas: oferta y demanda.
- ¿Como cuando hay pocas figuritas y muchos las quieren?
- Exactamente. Mirá —dijo el abuelo, acomodándose los anteojos—. Hace años conocí a un chico llamado Julián. Era fanático de una colección de autos antiguos. Tenía casi todos… menos uno: el Cromo Dorado del Relámpago 57.
Lucía abrió los ojos.
- Suena importante.
- Lo era. Solo se imprimieron cien en todo el país. Julián buscó por todos lados, pero nadie lo tenía. Hasta que un día, en una feria de barrio, vio a un niño que lo estaba usando como marca de libro. ¡Imaginate! Análisis
Lucía se tapó la boca.
- ¡¿Como si fuera un papel cualquiera?!
- Sí. Julián le ofreció primero diez figuritas normales pero el niño no aceptó. Le ofreció veinte. Nada. Al final, le dio todo su álbum completo, solo por ese cromo.
- ¿Y lo consiguió?
- Lo consiguió. Pero lo más interesante no es cuánto pagó, sino por qué. El valor del Relámpago 57 no venía del papel ni de la tinta, sino de lo difícil que era conseguirlo y de lo mucho que lo deseaba.
Lucía pensó un rato.
- Entonces, ¿las cosas no valen por lo que son, sino por lo que significan para los demás?
- La gran mayoría de las veces, sí, eso es exacto —asintió el abuelo—. Si algo es escaso y mucha gente lo quiere, su precio sube. Si es común y nadie lo busca, baja. Podríamos decir que algo es valioso no por el material del que está hecho, sino por lo útil o deseable que es para alguien más. Pasa con las figuritas, con los juguetes, con las casas… incluso con el tiempo.
- ¿Con el tiempo?
- Claro. Un minuto antes del recreo vale más que uno en medio de la clase porque es el minuto que separa una actividad de otra mucho más deseada (recreo) ¿no te parece? —bromeó el abuelo.
Lucía rió.
- Sí, ese minuto vale oro.
El abuelo levantó su taza de té y concluyó:
- Ahí tenés la mejor definición de economía, Lucía: decidir qué hacer con lo poco que tenemos, porque no hay de todo para todos.