El sonido y el silencio
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Música y ruido crean el ritmo

Lucía bajó corriendo al taller del abuelo. Él estaba ordenando unas maderas, tarareando algo sin darse cuenta.

  • Abuelo —dijo Lucía—, la maestra dijo que la música también se mueve. Pero… ¿cómo se mueve si no tiene piernas?

El abuelo rió bajito.

  • La música se mueve cuando vos te movés —respondió—. Cada canción tiene un paso, como si fuera una caminata que no se ve.

Golpeó suavemente el piso con el pie. tac… tac… tac…

  • Este es el ritmo. No importa si cantás o no, si tocás o no. Mientras mantengas este “caminar”, la música sigue viva.

Lucía intentó imitarlo, pero sus pasos iban a cualquier lado.

  • No me sale.
  • Probá algo más fácil —dijo el abuelo—. Imaginá que estás saltando la cuerda. Cuando la cuerda baja, vos saltás. Cuando el ritmo baja, vos acompañás.

Lucía lo intentó de nuevo. Esta vez sus pies encontraron un patrón, el pequeño tac… tac… que se repetía.

  • ¡Ah! —dijo sorprendida—. ¡Es como si la canción me avisara cuándo moverme!
  • Exacto —dijo el abuelo—. El ritmo es el corazón de la música. Late siempre, aunque no lo estés escuchando.

Lucía sonrió, moviendo los pies sin darse cuenta. La melodía todavía no estaba, pero el latido ya sí.

Y el abuelo, en silencio,

pensó que así empiezan todos los músicos: aprendiendo a caminar antes de querer volar.
Podés saber más sobre las palabras subrayadas si las tocás